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Ya estamos en Junio

Leí hace unos días, esta historia que me pareció extraordinaria, suponiendo que la vida nos presenta cosas extraordinarias, aunque no lo veamos, pero sigo, esta historia está relacionada con el «qué?». Relataba el doctor Cousins… Mejor les copio y pego la transcripción del libro ‘Poder sin Límites’ de Tony Robbins, de donde saqué este relato.

  EN SU MARAVILLOSO LIBRO Anatomía de una enfermedad, Norman Cousins nos
cuenta una anécdota instructiva sobre el músico catalán Pau Casáis, uno de los grandes
maestros del siglo XX. Es una historia de fe y de renovación, y puede enseñarnos algo a
todos.
Cousins describe cómo conoció a Casáis poco antes de que éste cumpliese los noventa
años, y cuenta que era casi penoso ver al anciano mientras se disponía a comenzar su jornada.
Su debilidad y su artritis eran tan incapacitantes, que se vestía con ayuda de otras personas. La
respiración fatigosa evidenciaba su enfisema. Arrastraba los pies al andar, inclinado, con la
cabeza casi colgando. Tenía las manos hinchadas, los dedos agarrotados. Su aspecto era el de
un hombre viejo y muy fatigado.
Incluso antes del desayuno, se encaminaba hacia el piano, uno de los diversos
instrumentos que Casáis dominaba. Se acomodaba en la banqueta, no sin grandes dificultades.
Y mediante un esfuerzo que parecía terrible, alzaba las manos hacia el teclado.
Pero entonces ocurrió algo casi milagroso. Ante los ojos de Cousins, Casáis
experimentó una transformación repentina y completa. Entraba en un estado de posesión de
sus recursos, y al mismo tiempo su fisiología cambiaba a tal punto, que empezó a moverse y a
tocar, produciendo sobre el piano y sobre sí mismo resultados tales que únicamente se
hubieran creído posibles en un pianista joven, vigoroso y flexible. Como dice Cousins: «Los
dedos fueron perdiendo su agarrotamiento y se tendieron hacia las teclas como los pétalos de
una flor se vuelven hacia el Sol. Su espalda se enderezó. Se hubiera dicho que respiraba con
más desahogo». La sola intención de ponerse al piano cambiaba por completo su estado y, por
ende, sus recursos físicos. Casáis empezó con el Clave bien temperado de Bach, que
interpretó con gran sensibilidad y dominio. Luego abordó un concierto de Brahms y sus dedos
parecían volar sobre el teclado. «Todo su organismo se fundía en la música —escribió
Cousins—. Dejó de estar anquilosado y agarrotado para moverse con gracia y suavidad,
totalmente libre de su rigidez artrítica.» Cuando dejó el piano parecía otra persona totalmente
distinta de la que se había sentado a tocar. Estaba más erguido, más alto, y anduvo sin
arrastrar los pies. Inmediatamente se dirigió a la mesa del desayuno, comió con buen apetito y
salió a dar un paseo por la playa.

QUE INCREIBLEEEE… NO?

Bueno lo dejo aquí, porque no puedo agregar más nada, mejor dicho, no quiero agregar más nada, nos vemos en la próxima, un abrazo virtual y a cuidarse, chau

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